Exceso de urgencia

.txt > Mechi Márquez

.jpg > Sergio Langer y Manu Gómez

Tras muchos años de trabajo, y una sesión fallida, continúa el debate cruzado por intereses. ¿Cuál es el lugar de las políticas de salud por fuera de las instituciones sanitarias? Un proyecto de ley que cuestiona el consumo, la salud y las relaciones de poder de la industria alimenticia.

Este martes 26 de octubre, a tres días de cumplirse un año desde que se obtuvo media sanción en el Senado, se vota en la Cámara de Diputados un proyecto que urge que sea Ley. Si se aprueba, Argentina tendrá una Ley paradigmática a nivel internacional en materia de etiquetado de alimentos, salud pública y mejora de sistema alimentario. Una política de salud pública que sentará precedente en el camino hacia un paradigma de promoción y prevención primaria de la salud.

El debate ha sido arduo y largo, e intuyo que una de las razones por las que ha sido así es porque todavía hay cierta incomodidad con las políticas de salud ajenas a las instituciones estrictamente sanitarias. Es desafiante pensar la salud como un proceso histórico, social, ecológico, integral… Quizá porque es angustiante pensar que nuestra salud no dependa ni del azar ni de nosotrxs mismxs. Pareciera ser un poco más sencillo andar por la vida con la idea de que la salud es un estado meramente estático, biológico, individual, interno y  hasta a veces, inexorable. (Aunque sea así parecía hasta que una pandemia nos arrasó) Pero, la salud no depende ni del azar ni de la voluntariedad de llevar una vida sana sino que los procesos de salud-enfermedad dependen de los Determinantes Sociales de la Salud (DSS) (Dahlgren y Whitehead, 1992), es decir, de las condiciones materiales, sociales, políticas, económicas y ambientales en las que las personas nacen, viven y mueren. Es corriéndonos de ideas reduccionistas e individualistas y posicionándonos desde una mirada compleja que podemos caminar hacia un paradigma que no solo trate enfermedades sino que promueva los factores salutogénicos. Sucede que reconocer estas determinaciones implica cuestionar el modelo de producción y consumo en el que estamos inmersos. Implica también abordar la salud mental, la salud ambiental y la interdependencia de los DDHH.  En lo práctico y en el ahora, implica modificar condiciones de nuestros ambientes cotidianos como las escuelas, los hogares y los espacios laborales.
Sin mayor preámbulo, el proyecto de ley “Ley de Promoción de la Alimentación Saludable” es un proyecto integral que busca modificar los Determinantes Sociales de la Salud abordando distintos ejes y voy a dedicarle unas líneas a cada uno para subrayar su importancia.
Spoiler: Voy a opinar un montón.

Como primer punto, tenemos el famoso “Etiquetado Frontal de Advertencia”. No es cosa menor aclarar que se llama así porque consiste en un sello que va a ir en la cara frontal del producto y porque advierte a lxs consumidores acerca de los excesos en uno o más de los nutrientes críticos (sodio, grasas, grasas saturadas, calorías y azúcares) que el producto tenga. Además, los productos que contienen cafeína o edulcorante, serán etiquetados con una leyenda precautoria que dicta evitar en niñxs dado que la evidencia indica que estos ingredientes son perjudiciales para su salud. Cuando compramos buscamos comprender qué estamos eligiendo, evaluamos comparativamente los precios, intentamos entender algo de la información nutricional y tenemos en cuenta nuestras preferencias. Para ser efectivo en la reorientación de la compra, el Etiquetado tiene que captar la atención del consumidor así como tiene que poder ser comprendido y evaluado rápidamente para así influir en la decisión de compra de lxs consumidores (OPS) ¿Para qué querríamos un Etiquetado que no funcione?  El objetivo es advertir a lxs consumidores de manera práctica y sencilla que un producto es perjudicial para la salud y así modificar la elección de compra.
En este punto es necesario señalar la importancia de que el texto del proyecto de ley se mantenga tal y cómo está. Primero, para que no tenga que volver al Senado. Segundo, porque no hay evidencia científica libre de conflictos de interés que justifique cambios en el texto.Tercero, porque el proyecto toma el perfil de nutrientes de la OPS elaborado también según evidencia científica libre de conflictos de interés y bajo estándares nacionales y regionales. El perfil de nutrientes es la herramienta para delimitar cuándo un producto tiene un exceso y cuándo no. Sabemos por la experiencia de otros países de la región que si este perfil se flexibiliza (tal como la industria alimentaria pretende), nuestros derechos no estarían garantizados y el etiquetado perdería muchísima efectividad. Si el proyecto es Ley así cómo está escrito ahora, tendremos que seguir sumamente atentxs el proceso de reglamentación para asegurarnos que no se hagan excepciones a ciertos productos o modificaciones al perfil de nutrientes. Sabemos que el Lobby de la industria de productos alimenticios y bebibles pisa fuerte: Le venimos haciendo frente hace ya más de un año.

Por otro lado en la Guía de Entornos Escolares Saludables se recomienda garantizar que la escuela sea un espacio libre de publicidad, promoción y patrocinio de alimentos y bebidas así como también regular la venta de alimentos y bebidas al interior de los establecimientos educativos de todos los niveles y modalidades. Este proyecto viene a hacer realidad estas recomendaciones prohibiendo la comercialización de estos productos dentro de las escuelas.

De hecho, la Fundación Interamericana del Corazón en la “Encuesta de opinión sobre etiquetado frontal de advertencias en alimentos y bebidas“ relevó que un un 80% de lxs consumidores apoya la necesidad de restringir la venta de alimentos 80% y bebidas no saludables en las escuelas y un  73% de lxs consumidores está de acuerdo con necesidad de restringir la publicidad de productos con uno o más sellos dirigida a niños, niñas y adolescentes. 

Esto último también se aborda en el proyecto regulando la publicidad, la promoción y el patrocinio de los productos que contengan uno o más sellos de advertencia. El marketing tiene un impacto exorbitante sobre nuestras preferencias y nuestras pautas de consumo. Éste determina nuestros procesos de salud-enfermedad y el Estado, basándose en la evidencia científica libre de conflictos de interés, tiene el deber de actuar para garantizar los derechos de la población. Cabe destacar que la población más bombardeada con publicidad, y más susceptible a ésta, son lxs niñxs y que ellxs son la “puerta de entrada” de estos productos a las familias. Se despliegan diversas estrategias como el patrocinio de eventos, la realización de jingles con celebrities, personajes diseñados para simular amistosos, etc.

Como cuarto punto y el que más me interpela en lo personal de este proyecto es la afectación a las compras públicas. El Estado Nacional va a tener que priorizar en sus compras productos que no lleven sellos de advertencia. La implementación de este punto va a ser muy desafiante dados los contratos ya existentes entre las industrias en cuestión y el Estado pero confío también en que puede ser una gran oportunidad para hacernos preguntas: ¿Qué asistencia alimentaria se está garantizando? ¿Qué productos llegan a los comedores y merenderos? ¿Cuántos de los productos que llegan son ultraprocesados? ¿Cómo se alimentan lxs pibxs con vulnerabilidad alimentaria? ¿Lo que comen lxs nutre verdaderamente?  La asistencia alimentaria es central en la situación actual de nuestro país y uno de los aspectos centrales a mejorar es la calidad nutricional de los productos brindados. Es inadmisible pensar que “alcanza con que lxs niñxs coman”. Tenemos que ocuparnos de garantizar a cada niñx una alimentación adecuada entendiendo que es un Derecho Humano. Eso implica discutir qué asistencia alimentaria se está proveyendo, qué son alimentos y qué no, y qué alimentos vamos (o no) a garantizarles a las infancias.
La centralidad de este proyecto radica en una regulación a las industrias alimentarias y bebibles -especialmente de ultraprocesados- que sostienen sus ventas en base al ocultamiento y la desinformación. E incluso,  en el engaño.

Que este proyecto no alcanza para garantizar una alimentación adecuada está clarísimo. No va a haber un proyecto que lo haga porque la vulnerabilidad alimentaria es una problemática compleja y multidimensional. En la misma línea, tenemos que seguir cuestionando este modelo que desperdicia la mitad de los alimentos producidos y que es petróleo-dependiente, fomentando la agricultura familiar y la agroecología, la producción y el consumo local, redefiniendo qué productos están (o no) en Precios Cuidados, disputando el concepto de salud, pensando estrategias para prevenir las Enfermedades No Transmisibles y para fortalecer la salud de nuestro población en general.

Ya cerrando este breve y limitado recorrido por el contenido del proyecto, que ojalá cuando estés leyendo esto sea Ley, y algunos de los debates que suscita, quiero remarcar lo urgente de este proyecto en el contexto de covid-19, auge de las Enfermedades No Transmisibles y vulnerabilidad alimentaria. Además, resalto el gigantesco orgullo que siento por ser parte de esta coalición de organizaciones de la sociedad civil, en mi caso de Consciente Colectivo, que venimos haciendo tiempo trabajando para visibilizar este proyecto, para impedir que se lo modifique, para derribar mitos de lobbistas en los medios y finalmente para que este proyecto sea Ley. Llegar hasta esta instancia en el tratamiento legislativo no hubiera sido posible sin la enorme articulación y resistencia de la sociedad civil.

Queremos mayor protección para las infancias, más políticas de promoción de la salud, más pasos logrados en el camino hacia un país con soberanía alimentaria. Queremos que se garanticen el acceso a la información así como los derechos básicos a la salud y a la alimentación saludable. Exigimos y tendremos #EtiquetadoClaroYA.

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