¡Venga ese aceite!

.txt > Luciana Barruffaldi

.jpg > Fabricio Pereyra

Mientras las leyes avanzan hacia un futuro más verde, productivo y científico, que garantizará una mejor calidad de vida a lxs pacientes, aún hoy hay presxs por cultivar. Qué pasa con quienes, antes del negocio o la regulación, gestionaban su propia salud.

Mientras las leyes avanzan hacia un futuro más verde, productivo y científico, que garantizará una mejor calidad de vida a lxs pacientes, aún hoy hay presxs por cultivar. Qué pasa con quienes, antes del negocio o la regulación, gestionaban su propia salud.

En 2019 allanaron el domicilio y detuvieron a Damián Raña por tenencia de plantas de marihuana, que utilizaba con fines medicinales, a raíz de una fractura en el fémur derecho. Nicolás Lupin, en 2020, atravesó una situación similar: su allanamiento estuvo en el marco de un operativo que buscaba golpear al narcotráfico pero  que siempre termina persiguiendo a pequeñxs cultivadorxs: incluso contaba con un certificado para su tratamiento. Martín Carabajal, y su esposa, Sandra Guzmán, están detenidxs hace más de un año por las mismas razones: hacían aceite para su tía con epoc, para la mamá, que tiene artritis reumatoidea y para él, que padece asma, según contó este verano a THC.

Incluso, agregan, Martín se encuentra detenido en el penal de máxima seguridad de General Alvear, y Sandra en Los Hornos.  Estas escenas, lejos de ser excepciones, forman parte de una lista que, apenas en nuestro país, podría seguir y seguir: Adriana Funaro, en 2017; el año pasado Denise Moruzzi y Luciana Esteche –madre e hija– detenidas cinco meses en San Martín por el secuestro de tres plantas; Araceli Rea, en La Plata, que cultivaba para Tiziano, su nieto, que padece síndrome de West, y todos los etcéteras que se te puedan ocurrir.

Cuando pensamos en el procesamiento, penalización o cárcel de usuarixs o cultivadorxs de cannabis medicinal, es inevitable resaltar que, además de sufrir procesos violentos (allanamientos intempestivos a mitad del día o la noche, robo o plantado de pruebas, etc), alejadxs de sus hogares  –e incluso de sus hijxs, como es el caso de Martín y Sandra– lxs pacientes se quedan sin su aceite, sin su tratamiento: cuestión que, en determinados diagnósticos, es absolutamente crucial que no se interrumpa. Es decir, a la estigmatización por gran parte del sistema de salud hegemónico –que no tiene problemas en recetarte una interminable combinación de fármacos pero tiene todos los reparos con el aceite–, se suma la calidad de vida y la salud en pacientes de gravedad. Lxs presxs por cultivar para fines medicinales, en muchos casos, son personas que incluso ni siquiera tenían contacto con la planta; la investigación, el contacto con organizaciones y los primeros cultivos son el resultado del rechazo o la condena de un sistema de salud que rehúye, condena o estimagtiza a quienes cultivan o producen aceites.

Por fortuna para nosotrxs, se forma en 2016 Mamá Cultiva Argentina, cuya presidenta – Valeria Salech– se enarbola en las personas que no tenían un contacto previo con la planta. Su hijo, Emiliano, nació con epilepsia, y a los tres meses ya tomaba cuatro anticonvulsionantes, fue internado en el Fleni con dosis cada vez más altas de medicación, que lo dejaban dormido, inactivo, ausente:  Valeria contó siempre que Emiliano no se reía, no jugaba, no era su hijo.  Así fue que dio en Facebook con el video de una madre que, al frotarle “algo” en la planta del pie a su hija, frena la convulsión. Oro para sus ojos.

Entonces, ante un sistema de salud que receta y receta fármacos que no funcionan, que adormece personas, que tienen efectos secundarios graves, se secuestra las plantas, se criminaliza e incluso se condena a quienes, a fuerza de un día a día que lo comprueba, gestionan su propia salud.

En marzo de 2017, diputados y senadores de nuestro país aprobaron la primera ley de cannabis medicinal –la 27.350–, que fue festejada por un amplio espectro de la sociedad que necesitaba cultivar sin miedo: garantizar la calidad de vida, la salud de la planta. En noviembre de 2020, se publicó en el Boletín Nacional el Decreto (883/20) que reglamenta la ley de 2017: en su artículo 8º el Ministerio de Salud articula el REPROCANN (Registro del Programa de Cannabis), para registro de acceso al cultivo de lxs pacientes, que deben contar con una indicación médica.

Recientemente,  el ministro de Desarrollo Productivo –Martín Kulfas–, presentó el proyecto para el marco regulatorio del desarrollo de la industria del cannabis medicinal y cáñamo industrial. Aplaudimos la iniciativa porque la consideramos crucial para el desarrollo sostenido en la calidad de vida, cuidado del medio ambiente y  sustentabilidad, pero hay mucho más, pues es un negoción: “En el año 2000 la producción de cannabis en el mundo era de 1 tonelada por año, cuando actualmente ronda las 500 toneladas. Para dentro de tres años se observa una producción global de 42 mil millones de dólares, es decir, 14 veces más alto que hace 10 años”, expuso Kulfas.

Todavía hay presxs por cultivar.

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