El derecho a un ambiente sano como un boleto para viajar por el federalismo

.txt > Adriel Magnetti

.jpg > Paula Pose

Mayo. En 2021, la aprobación de la Ley de Educación Ambiental. En 1810 una serie de eventos desencadenantes, pero sobre todo simbólicos para las nociones de soberanía. A 121 años de aquellos sucesos, un estado de la pintura pasando la estación intermedia del 25 de mayo de 1994, cuando se inauguraba la Convención Nacional Constituyente (y por qué no por los aires del 25 de mayo de 2003, también).

¿Qué variables están en juego al proyectar los deseos del pueblo en manos del cumplimiento legalista de una norma? Es –o no es– un desafío para la crisis de institucionalidad creciente que afrontamos hace años en las democracias contemporáneas, la construcción de un Estado de derecho ambiental, la garantía última para el desarrollo humano integral con inclusión social. 

La Constitución, las leyes, normas y etcs. posteriores desde la Santa Fe convencional constituyente parecen dibujar una ilusión de seguridad jurídica inédita para la Argentina post siglo XX en materia de derechos consagrados. Qué hay de cierto y qué de pintura sobre el revoque que se cae de lo viejo y húmedo. Explorar la solvencia de los cimientos de nuestra soberanía es, cuanto menos, movilizante y termina por ser necesario. A la revolución dámela siempre, pero con revisionismo histórico y análisis crítico. Porque si no San Martín era blanco como Mauricio y eran todos varones de Buenos Aires. 

Repasemos. La materia ambiental es un asunto en donde la Nación y las jurisdicciones (las provincias y la Ciudad de Buenos Aires) comparten algunas responsabilidades, pero otras quedan a cargo de cada parte y eso no puede cambiar con el tiempo. Es fijo y está establecido en la Constitución (que tuvo su última modificación, hace 27 años en 1994). Lo que sí varía con el tiempo son las interpretaciones de este equilibrio institucional, según adopte un tinte más político o más jurídico. Como dice Pepe Rosemblat, si no fuera necesaria la interpretación humana, podría depender de un algoritmo que dirima por sí o por no según el caso. Como sabemos, esto no es así y la interpretación de lxs legisladorxs y la Justicia juega un papel central en la encrucijada federal. 

Así entonces, a sabiendas que la verdadera grieta ya está en la tranquera esperando que le abran, hacemos la presentación de la más auspiciosa de las batallas de nuestra historia entre centralistas y federales. También podríamos hablar de unitarios, pero también podemos enfatizar algún carácter a gusto, porque la historia la escriben personas, como dice mi abuelo Tito. 

Parte de las grandes conquistas de la política argentina se sintetiza con el bloque federalista y el matiz reivindicativo de las disposiciones de la nueva Constitución que hoy está vigente. Si había cosas poco claras hasta ese momento, ahí en Santa Fe nos ocupamos de zanjar las disputadas, y dejar establecido que las Provincias son las que se integran para conformar la Nación, que es ni nada más ni nada menos, que una federación del conjunto de ellas. Y ahí se arma el baile. Por qué anda a ordenar a 24 proyectos de país bajo un pabellón nacional. La patria entonces, somos todxs, pero solamente lxs que están del alambrado para acá. 

Darío Sztajnszrajber propone un ejercicio deconstructivo al analizar cuan inclusiva y excluyente es esa noción que recorre las calles y da color a las festividades nacionales. ¿No nos estaremos olvidando de alguien?

Constituir un país es una cosa. Pero concertar, coordinar y concretar una Política Nacional de Desarrollo con inclusión social y justicia ambiental para nuestro país, es otra. Dado que demanda un ejercicio permanente de la capacidad de diálogo y articulación. Con vocación por la deliberación y el consenso colectivo, y general. Aún así, requiere de la convicción fervorosa de la existencia –y de su carácter benéfico- de un todo, más allá de la suma de las partes. ¿Acaso de eso no es de lo se trata cualquier lucha? 

No podemos desandar un camino sobre los cimientos de la ruptura y de la fragmentación. Nadie se salva solx. El encuentro y la cooperación fueron parte del espíritu constituyente de aquí y de allá. Si bien, marcada está la posición de respeto por las autonomías, no podemos olvidar la fuerza cohesiva que une a este pueblo contra viento y marea. Aquella conformación de las identidades nacionales; hoy, refundadas al calor de las luchas sociales populares que han conquistado los nuevos derechos y garantías. 

Dentro del paquete para celebrar, tenemos al ya famoso Artículo 41. Conocido entre sus pares por ser la lanza del nuevo tiempo, a minutos de haber concluido la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, Argentina se daba el lujo de ser una de las primeras naciones en enarbolar el estatus constitucional y supra-legal para el Derecho a un Ambiente Sano, con la perspectiva inter-generacional. 

El debate entre ‘ambiente’ y ‘desarrollo’ surcaba las aguas de la discusión ambiental. Por las dudas, por si a algunx se le ocurría inventar la agricultura de nuevo. 

Dirimir los intereses de un país aún creciendo y forjando sus rumbos, nos lleva por sendas inciertas en la búsqueda de un destino común, como expresión de los deseos, sueños y aspiraciones compartidas. Configurar una identidad, que cristalice diversidades al tiempo que las expresa y las respeta, que permita la realización y el desarrollo humano integral, donde no dejemos a nadie atrás, es nada más y nada menos que el proceso planificador. 

Recuperar el rol planificador del Estado es hoy el sur. Un sur que nos ayude a resignificar cómo pensar las sociedades del Sur Global. Latinoamericanos los pueblos de la gran patria, resonantes y crujientes siempre frente a la misma disputa por la independencia conceptual, cultural e histórica. Nuestros patrimonios y nuestros territorios, al igual que nuestras cuerpas han vivenciado la colonización. Volver a poner a las personas en el centro, desplazando a la capitalización y la acumulación del escenario, por medio de un Estado que cumple el papel de garante de derechos, es el mandato de nuestro tiempo. 

Expulsar las voluntades e intereses exógenos y privativos de los pueblos libres. Esa es la enseñanza de las personas del mayo revolucionario. Sus voces, aún suenan en las salas de la patria profunda, con eco en cada pedacito de tierra anhelada. 

Territorio, identidad, salud y justicia.

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