Criptomonedas: ¿el futuro del capitalismo o una burbuja sucia a punto de estallar?

.txt > Julián Zícari

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Si el avance de internet, el comercio electrónico, las finanzas y la tecnología se profundiza como todo indica que sucederá, es difícil no ver el crecimiento de las criptos. Pero no todo es color de rosas. Porque las criptos tienen muchos puntos débiles que también le dan la razón a quienes predicen explosiones y crisis en ellas.

En los últimos años, especialmente en los últimos meses, las criptomonedas ganaron mucho protagonismo en medios de comunicación y el mundo financiero. Monedas como Bitcoin, Ether o incluso Dogecoin de a poco se hicieron notar, tanto para el gran público como en la preocupación de los gobiernos por su inusitado auge. La pregunta central es qué se puede esperar de este fenómeno.

En principio parecen existir dos grandes perspectivas opuestas sobre cómo debe ser entendido esto. 

Por un lado, están quienes señalan a los cripto-activos como el futuro del capitalismo. Ya que, gracias a funcionar de manera desregulada, sin gobiernos ni bancos centrales detrás, parecerían cumplir el sueño liberal de tener una moneda no estatal y que no se pueda manipular su precio vía emisión (dado que las cantidades en general ya están establecidas de manera fija). Estas características, según sus promotores, harían de las cripto un medio seguro, no inflacionario y un activo financiero que puede volverse una reserva de valor tan óptima para las transferencias como el oro. De hecho, a veces se habla de las cripto como el “oro digital”.-’La otra lectura que sobresale sobre las criptomonedas es exactamente la opuesta. Muchos aseguran que son “activos basura”, que solo sirven para lavar dinero, alimentar el tráfico de drogas, armas, personas y la evasión impositiva. Que incluso sus soportes técnicos no son seguros y que no tienen fundamentos económicos para sostenerse en el tiempo. Es decir, que son una estafa y una burbuja financiera a punto de estallar. Importantes gurús del mundo económico y financiero como Warren Buffet, Paul Krugman o Nassim Taleb, que han predicho varias crisis y burbujas, auguran una explosión próxima.

Ambas lecturas parecen irreconciliables. Aunque tal vez, miradas a la distancia, puedan ser compatibles. Porque por un lado parece que las criptos han llegado para quedarse: son (y crecientemente serán) una realidad económica difícil de ocultar. Incluso, muchos gobiernos están lanzando sus propias cripto, las llamadas coingovs. Gobiernos como el de Bahamas o el de Venezuela ya tienen la suya. Pero eso no es nada si se considera que China (la potencia económica del futuro) en breve lanzará la suya propia. También gigantes internacionales como Facebook (una red social que posee un número de usuarios equivalente a un tercio de la población mundial) tendrá un medio digital de pago propio para realizar operaciones internas.

Si el avance de internet, el comercio electrónico, las finanzas y la tecnología se profundiza como todo indica que sucederá, es difícil no ver el crecimiento de las criptos, que desde hace más de 10 años se han expandido sin cesar. Incluso ya hay países, como El Salvador de Nayib Bukele, que desde el mes pasado aprobaron al Bitcoin como moneda de curso legal.

Ahora bien, no todo es color de rosas. Porque las criptos tienen muchos puntos débiles que también le dan la razón a quienes predicen explosiones y crisis en ellas. Por empezar, porque son activos sumamente volátiles. Lo sucedido con la historia de la cripto más importante, Bitcoin, señala la gran cantidad de euforias, pánicos y colapsos que cargan internamente. El caso de Dogecoin es similar. Además, el terrible gasto energético que demandan (insostenible ambientalmente) o la guerra cada vez más encarnizada por parte de los distintos gobiernos para controlarlas o prohibirlas, enciende luces de alerta sobre su comportamiento.

Es decir, del mismo modo en que parece cierto que las criptos llegaron para quedarse, parece igualmente cierto que muchas para sobrevivir deberán atravesar varias pruebas, crisis y desafíos de incierta resolución. Muchas seguramente desaparecerán y otras tendrán vida más allá de las distintas circunstancias. El problema es que todavía no sabemos cuál, cómo, cuándo o acaso si podremos distinguir entre una crisis más, o su muerte definitiva.

Por su parte, como dijimos, si bien el grueso de los gobiernos se está lanzando a la carrera por controlarlas o prohibirlas (algunos con más energía o suerte que otros), lo cierto es que parece difícil que puedan vencer. Por eso muchos gobiernos, en realidad, lo que buscan es poner ciertos límites, conseguir que esas operaciones tributen o conseguir un medio de convivencia que no altere las reglas de juego de una manera incontrolable ni que amenacen su soberanía monetaria ni jurídica.

Por eso, en esta última dirección parece estar inscripto el futuro de las criptos. Una dirección no muy distinta a la propia dinámica del capitalismo: el de la prosperidad y el crecimiento, pero también el de las crisis, el descontrol, los colapsos y la desigualdad.

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