¿Qué posibilidades tiene el cáñamo como eco-industria?

.txt > Luciana Barruffaldi

.jpg > Fabricio Pereyra

Legalizar el cannabis es urgente y trae aparejado una serie de beneficios y nuevas visiones en disputa sobre nuestros modos de convivir y habitar el mundo. Un breve repaso sobre la industria sustentable que se viene.

En 1961, la Organización de Naciones Unidas, en la Convención Única sobre Estupefacientes, se declaró “preocupada por la salud física y moral de la humanidad”, catalogando  al cannabis como narcótico de riesgo. Posteriormente, el Convenio de 1971, y más adelante, la Convención contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas, en 1988, robustecieron el endurecimiento de las penas por delitos de drogas a nivel mundial. Este posicionamiento, no solo implicó una mirada condenatoria y punitivita  (extendido a la actualidad) sobre su uso recreativo sino que, además, la misma prohibición y el miedo a las represalias legales por parte de lxs cultivadorxs ocasionaron que la industria del cáñamo  –que se venía practicando desde hacía siglos– disminuyera drásticamente, incluso cuando las variedades para este uso no contienen prácticamente sustancias psicoactivas.

A pesar de que el origen de la planta se encuentra en Asia Central, a lo largo de 5.000 años se extendieron sus usos a todas las latitudes: Heródoto, en 450 A.C describe cómo ciertas poblaciones fabricaban su vestimenta con fibras de cáñamo. En el año 770, en China, se realiza el primer libro impreso en grandes proporciones, El Dharani (libro de rezos), cuyo papel está elaborado con cáñamo. En 1450, Gutenberg imprime la primera Biblia sobre papel a base de cáñamo. Las velas de las Carabelas de Cristóbal Colón eran toneladas de fabricaciones de esta materia prima: de hecho, en Barcelona, se puede observar que la estatua de Colón lleva algunas chalas conmemorativas. Es popular el auto de Henry Ford, en 1941, fabricado en un 70% con fibras de celulosa de cáñamo.  El Hash Marihuana & Hemp Museum tiene, en su galería web, una serie de pinturas, postales y frescos que ilustran y confirman el uso variado y ancestral.

El cáñamo reemplaza a muchos materiales de fabricación, cuyos procesos devienen en un impacto ambiental sin vuelta atrás; es resistente y ecológico: permite la sustitución de muchos plásticos petroquímicos, puede utilizarse en la industria automotriz, textil, industria alimentaria y farmacéutica, en materiales de construcción y tecnología. Muchas empresas, ni lentas ni perezosas, comenzaron a prestar especial atención a esta materia prima que, además de su cualidad biodegradable, tiene bajo costo para el consumo, por ejemplo en el uso del bioplástico y, por lo tanto, rentabilidad, suena la caja registradora.

El cáñamo reemplaza a muchos materiales de fabricación, cuyos procesos devienen en un impacto ambiental sin vuelta atrás; es resistente y ecológico.

Incluso y a pesar de la prohibición, aunque disminuido, el uso del cáñamo como materia prima nunca dejó de utilizarse. Las luchas por la legalización, la evidencia en los usos medicinales y las características ecoamigables presionaron al punto de que, hacia finales de 2020, en medio de una pandemia que sacudió los destinos de todxs, la Comisión de Estupefacientes de la ONU desclasificara el uso medicinal de la planta, aunque aún no por supuesto el uso recreativo. Basta recordar que, en nuestro país, el cultivo con fines industriales había sido prohibido por el dictador Jorge Rafael Videla, en 1977. Recientemente, desde el Ministerio de Desarrollo Productivo, se presentó el proyecto de ley “Marco regulatorio para el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y cáñamo industrial”, que establece el desarrollo y la inversión en la cadena productiva. 

Quedan muchas batallas por librar para que las legislaciones acompañen de una vez a sus pueblos, se pongan a la par, salgan del fondo de la fila. No será sencillo, nunca, enfrentarse a los monopolios, a los laboratorios, a este capitalismo salvaje, cuyas formas de explotación humana, animal y ambiental evidenciaron crudamente hace un año y medio la imperiosa y urgente necesidad de cambiar, entre muchas cosas, nuestros modos de producción.

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