Los materiales de un abrazo

.txt > Mara Glozman

Una despedida y la memoria de un encuentro con Horacio González, de la Biblioteca Nacional y la Facultad de Filosofía y Letras.

“El principio de reunión no ocurre siempre, no ocurre de cualquier manera, no ocurre si se lo planifica demasiado, no ocurre si no hay personas que lo piensan y lo trabajan y lo constituyen; hay un cierto misterio en el principio de reunión”
Horacio González, 5/8/2016, FFyL UBA

No alcanzan las palabras: escasean, se angostan, brotan del centro de la vacilación y hacen silencio. Titubean. Hacen lo que pueden, como todxs. No bastan: decimos “basta” y la cosa no termina, continúa, persiste, retorna. En el año 2017 fotografié un muro en Olinda que decía “A palavra ‘pedra’ não quebra vidraça” (“La palabra ‘piedra’ no rompe el vidrio”). No podemos lanzar palabras. Hay momentos en los cuales el hiato entre las palabras y las formas del mundo se agranda, se oscurece en profundidad. Y sin embargo las palabras alcanzan: tocan, llegan, rozan un registro sensible por algún lado que no es el del sentido. Hacen lazo, tejen comunidad (quisiera hacer verbo: común-y-dar). Estos días fueron así: tejidos y texturas, mensajes de una sola palabra: “abrazo”. Acompañado de un corazón, roto o entero, roto y entero.

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Horacio González hizo de la Biblioteca Nacional un jardín popular, un lugar de alojo, de siembra democrática como nunca antes. Todos los espacios se trastocaron en los dos quinquenios de ese trabajo colectivo amoroso y siempre abierto del cual fue el primer hacedor: los senderos que conducen de Las Heras hasta la rampa, la rampa, la explanada, los ascensores, las escaleras, la librería, las salas, el bar, el balcón, los baños, el ingreso a la Biblioteca, los pasillos, las vitrinas, las paredes.

En 1966 Marisa Alvarez de Lima le pregunta a Hélio Oiticica a: “¿Qué materiales utiliza?” y Oiticica responde: “Cada tipo de trabajo pide su material… Y eso va desde la madera a la tierra cruda, el vidrio, el agua, los pigmentos, la cola vinílica, la piedra, el carbón, la espuma, los caracoles, etc. Todo lo que hay en el mundo puede ser un material para mí.” (Entrevista publicada en la revista A cigarra y recogida en el volumen Materialismos, 2013).

En la Biblioteca gonzaliana todo lo que hay puede ser un material para hacer, crear, gestar conjunciones, exposiciones, interrogantes, inquietaciones. Folletos, canciones, bombos, libros antiguos, asambleas, reuniones, dibujos, portadas, pintadas, parlantes, manuscritos y carteles. Y todo espacio que había en la Biblioteca Nacional podía devenir muro abierto para tejer invitaciones a la lectura y a la escucha: los senderos que conducen de Las Heras hasta la rampa, la rampa, la explanada, los ascensores, las escaleras, la librería, las salas, el bar, el balcón, los baños, los pasillos, las vitrinas, las paredes.

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Las prácticas elitistas que tendemos a reproducir como quien no quiere la cosa organizan modalidades de relación con los archivos jerarquizadas y clasistas: hay un pequeño grupo que accede a consultar fuentes y documentos; para las grandes mayorías queda la opción de recibir un relato ya macerado, en el cual las voces y expresiones del archivo han sido en general sustituidas, narradas, subordinadas a la mirada de quien las reescribe. La aproximación del público general al documento, a la materialidad de sus trazos, a la disposición visual de sus páginas, tiende a ser escasa.

La Biblioteca gonzaliana introduce ahí un desvío: pensar los problemas del archivo de un modo íntimamente ligado a la construcción de un horizonte democratizador que se hace eco de diversas genealogías populares vinculadas al universo del libro, de la lectura, de las lenguas, de la palabra escrita y oral. No solo las salas de consulta y sus intersticios de reunión; las ediciones, las colecciones, los raros, los facsimilares, la creación de un Museo del libro y de la lengua que -con la dirección dedicada y creativa de María Pia López- abrió puertas y ventanas, sótanos y jardines, a los juegos, a las escuelas, a lxs transeúntes, a los brindis. Para todxs todo.

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Fragmento que escribí en agosto de 2016; forma parte de una crónica -con firma colectiva- del acto por La noche de los bastones largos, realizado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA con Cristina Fernández como principal oradora:

“Si cierro los ojos en un breve parpadeo, aquella reunión del ’66, antes de que entraran las fuerzas policiales a la facultad, y esta reunión, tienen muchos parecidos, muchísimos parecidos, que no sabría explicar”. En el decir de Horacio González se fueron hilvanando diversas capas temporales: experiencias, recuerdos y caracterizaciones de entonces (de varios entonces) y de ahora. De entonces, los modos profundos de politización de la ciencia y la universidad, los puntos de problematización de las relaciones sociales que configuraron las cátedras y organizaciones surgidas post ’66 –entre ellas, las denominadas cátedras nacionales–, que llegaron a cuestionar, relata González, “toda la jerga universitaria que nos constituye en un tipo de relación”: “la politización llegó a fuertes desconocimientos del aparato de enumeración de las jerarquías y de distribución de roles que tenía la universidad”. De hoy, en esos puentes jánicos, las formas de la organización, las formas de la resistencia, pero también las formas que tienen (ellos) de buscar producir(nos) temor, aquietar(nos) inquietudes y anhelos: “Estamos todos bajo un estado general de indagatoria. Nuestras tareas, nuestras trayectorias de años, la universidad pública, el sistema universitario en su conjunto, esta indagatoria nos pondría como algo desdeñable”. Y allí Horacio González comparte el abrazo a Hebe y a las Madres de Plaza de Mayo. Las palabras de González abrieron preguntas e invitaciones, no solo en el orden del qué hacer sino del cómo hacer: llamó a las fuerzas de izquierda a este debate, convocó a profundizar –aún en condiciones adversas, especialmente en condiciones adversas– las discusiones, los diálogos, las reflexiones colectivas.

(adaptado de “Voces en Filo: CFK en el acto por La noche de los bastones largos” https://www.agenciapacourondo.com.ar/relampagos/voces-en-filo-cfk-en-el-acto-por-la-noche-de-los-bastones-largos)

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No alcanzan las palabras para agradecer el río profundo que corre en sus escrituras, en su decir hondo, siempre con verdad, amable, generoso, la pausa como gesto necesario en circunstancias políticas adversas. Siempre compañero. De todxs.

Practicó y enseñó una política de la conjunción.

Un abrazo, especialmente a su compañera y a su familia, sus amigxs más cercanxs, de quienes fue y sigue siendo maestro, gente hermosa que hoy lo llora, a quienes están recordando sus clases, sus libros, las revistas, reuniones, asambleas, encuentros, bares, sus modos y momentos de militancia de los ’60 para acá, a todxs nosotrxs lectorxs y escuchantes.

Inconmensurable. Siempre.

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