El ABC de la educación ambiental

.txt > Julieta Gómez y Natalia Alfonso

.jpg > Bernardita de la Fuente

La educación ambiental busca conocer el ambiente que nos rodea, los problemas que enfrenta(mos), las causas de esos problemas y cuáles son las acciones posibles que podrían transformar la realidad.

La educación ambiental (EA) es como la educación para la higiene personal, todas las personas debemos recibirla para garantizar una vida medianamente sana.

Conocer el ambiente que nos rodea, los problemas que enfrenta(mos), las causas de esos problemas y cuáles son las acciones posibles que podrían transformar la realidad, son paralelos a saber que vivimos en una sociedad, en un país democrático y que somos seres libres. Es necesario entender que las personas buscamos alejarnos de la naturaleza para diferenciarnos de ella. Por eso, es crucial ver lo completamente unidxs que en realidad estamos a ésta, y que dependemos de los espacios en los que habitamos. Éstos son los primeros pasos que debemos transitar para poder aspirar a un mundo habitable para todos los seres vivos en los años venideros. Ese es el rol que debe buscar la educación ambiental hoy en día: la comprensión del medio que nos rodea, su importancia para la vida, y que debemos cuidar de ella, en todos los aspectos de nuestra sociedad. Desde nuestros hogares, en las calles, en nuestros trabajos y especialmente el rol que cumplen gobernantes, gerentes, y empresarixs, a la hora de tomar grandes e importantes decisiones que tienen una gran influencia no sólo en la sociedad y en la economía, sino también en lo que ocurre con la naturaleza que nos rodea. 

“Una sociedad se define no sólo por lo que crea, sino por lo que se niega a destruir” – John C. Sawhill

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Reflexiones sobre un camino recorrido

Siendo guardaparque, la educación ambiental se presenta como una de las funciones laborales, entre muchísimas otras. Para esto, una se prepara, se capacita durante la carrera, en cursos, en voluntariados, y por iniciativas propias, y durante ese proceso lo va poniendo en práctica. 

Las escuelas que se encuentran cercanas a las áreas protegidas son las que reciben el fruto de esa vocación y servicio. Hay lugares donde son poquitas las escuelas cercanas, pero también depende a qué se llama cercano; si se tiene en cuenta el pueblo o ciudad de abastecimiento, seguramente el número de escuelas crece exponencialmente, por lo tanto, no hay manera de cubrirlo.

Una de mis primeras experiencias fue en un parque provincial de Misiones, el Parque Provincial La Araucaria, metido en el corazón del pueblo de San Pedro, con muchxs vecinxs y escuelas. Allí estudiaba la carrera de Guardaparque que brinda la Facultad de Ciencias Forestales de la UNaM. En el transcurso formé parte de una experiencia importante: las guardaparques de varios parques de la región que además vivían en el pueblo se reunían y planificaban actividades teniendo en cuenta el “calendario ambiental”. Las actividades que armaba este equipo del Ministerio de Ecología de la provincia, conglomeraba, además, a muchas personas de la carrera de Guardaparques, y de la Fundación Félix de Azara principalmente. 

Los eventos que se organizaban constaban de jornadas durante los días domingo, con juegos, obras de títeres, adivinanzas, y chocolatada. Cada jornada concurrían cerca de 60 niñxs de toda la comunidad, a veces acompañadxs de adultxs y otras en grupos de hermanitxs o vecinxs. La difusión de la actividad se hacía en la radio y en las escuelas, a veces con carteles en lugares clave del pueblo.  Se coordinaban cerca de cinco jornadas en el año. Por lo tanto, cinco veces se pudieron encontrar lxs niñxs con lxs educadorxs ambientales en un año. Esas jornadas fueron sostenidas con gran tenacidad por parte de las guardaparques durante tres años.

Otra de mis experiencias fue en Cabureí, un paraje de Andresito, en Misiones, donde vivía muchísima gente en chacras de características variadas, desde 1 ha de producción de tabaco a 250 ha de producción diversificada (yerba, vacas, forestación, cítricos, etc). Ese paraje se ubica en el límite Este del Parque Nacional Iguazú, donde no hay turismo, sino solamente una seccional de guardaparques. Allí trabajaba yo y tuve la oportunidad de organizar actividades con las cinco escuelas de ese paraje enorme y muy poblado. Éramos un equipo de tres personas.

Optimizar los recursos se vuelve la herramienta más importante para esta tarea, por lo tanto, una sola idea tiene que rendir para muchas actividades, para llegar muy lejos y para desarrollar nuevas ideas. Organizamos una actividad que rindiera para un rango de edades, que pudiera repetirse y desencadenar un segundo encuentro con lxs mismxs niñxs. Esa vez, se quedaron sin participar de las actividades todos los niños que no entraron en el rango de edad requerido. También se organizaron otras actividades para llegar a los adultos, entre ellas cine en la escuela más céntrica. Luego, intentamos dar un taller de capacitación para docentes,pero al no ofrecer un “puntaje”, no resultó ser muy atractiva para ellos.

Hubieron más experiencias del mismo estilo, en otros lugares, pero en definitiva lo que resalta en mi experiencia es que con grandes esfuerzos he llegado de manera aislada a unas cuantas escuelas y a unos cuantos grados escolares durante un año en un caso, y durante dos en otros casos. Esto además conlleva un tiempo de planificación, acuerdos previos con cada escuela, con cada docente y contenidos preparados acorde a las edades.

En conclusión, una misma persona me vió en los mejores casos seis veces en el año, (muy poquitos casos) y en los peores una vez en su vida, lo cual termina siendo muy poco, pocas las visitas, lxs guardaparques y también lxs niñxs que participan de las actividades. Finalmente, el trabajo termina teniendo muy pocos resultados.

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¿Cómo podemos efectivizar la concientización? ¿Cómo llevamos a la práctica la educación ambiental?

Las experiencias nos dicen:

La metodología del juego y el disfrute dan excelentes resultados, tanto al aire libre como en espacios cerrados, todas las personas guardamos recuerdos gratos que nos marcaron el camino para siempre.

El mensaje final es primordial; tiene que ser claro para alentar a pensar en un futuro diferente posible. 

Es relevante destacar la necesidad de sumar la constancia y la cotidianidad en el proceso. En el caso ambiental resaltar la dependencia que tenemos hacia el ambiente y nuestro compromiso con las generaciones futuras. Por ello, cada docente (más bien cada adultx) que acompaña a personas en formación civil necesita incorporar y transmitir una postura socio-política al respecto, contextualizada en cada caso, de manera de lograr una comprensión por observación, ofrecer un espacio de calidad, y concientizar(nos) sobre lo capaces que somos de modificar positivamente nuestro entorno. Los compromisos que lxs adultxs ya estamos asumiendo serán un apoyo para sostener nuestros ideales y compartirlos, a través de ejemplos de mejoras, de políticas de remediación y de otros cambios concretos.

Lograr que ese aprendizaje ambiental trascienda las aulas, cambiando el modo de vida, generando un vínculo responsable con el ambiente que reivindique la importancia de ser parte de él y de la biodiversidad. Es decir, transformarnos en ciudadanos política y ambientalmente activos. 

No estamos en un momento ambiental que nos permita dar el lujo de postergar los cambios “para más adelante”. Tampoco podemos volcar las expectativas en lxs niñxs, hay que empezar accionando de manera transversal, de manera horizontal, con expectativas de cambio, hacer  análisis, relacionando desde cualquier materia, ya sea la historia, la matemática, las ciencias sociales, la economía, entre otras. Ya que somos parte del ambiente, motivo por el cual debe tener un rol transversal en la educación, llevándose a la práctica cotidiana.

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“Enseñar a cuidar el ambiente es enseñar a cuidar la vida”

Desde las áreas protegidas se puede aportar a los procesos educativos desde el mismo lugar desde el que se viene accionando, con visitas guiadas, con actividades acorde al calendario ambiental, con programas específicos en cada área protegida, etc., con el plus de niñxs y docentes más interiorizadxs y sensibilizadxs en la temática que se esté tratando, o las experiencias que se estén transmitiendo.

Esto es el comienzo: démonos el espacio para replantear nuestra postura frente al compromiso con el ambiente que habitamos. Empecemos a debatirlo, problematizar para poder adaptarnos a convivir con los espacios que habitamos y necesitamos para estar bien.

 Lo ideal sería no ponerle un punto final a esta reflexión sino poder continuar.

Y vos, ¿sos docente, sos madre o padre, gestionás, cantás, te dedicás al deporte? ¿Cómo podés aportar vos desde tu lugar?

¿Te gustaría que este planeta sea, al menos, tan amigable como hoy dentro de -qué decir- … 100, 50 años?

CON TU APORTE PODEMOS CRECER