Cancelígeno

.txt > Daniel Cantarin

.jpg > Fabricio Pereyra

Reconstrucción de la red de noticias que cambia la imagen pública de Bill Gates y Richard Stallman, dos nombres centrales en la lucha desigual entre las corporaciones tecnológicas y los paladines del software libre.

A principio del corriente 2021 se dio un evento más o menos polémico entre Cavani (muy querido delantero uruguayo del Manchester United), la Federación Inglesa de Fútbol, y básicamente las redes sociales. Lo cual ya suena a sketch de Cha cha cha o de Todo por 2 pesos: «un uruguayo en la premier league«. La cosa es que Cavani le dijo «gracias, negrito» por internet a un compadre suyo charrúa, y se armó la podrida: ¡mil años de carcel, y mil millones de dólares de multa, para hacer de él un ejemplo! ¡Que todo el mundo sepa que la premier league no tolera al racismo!

No se preocupen, en realidad no fue tan terrible el castigo: algunas pocas monedas para los estándares de esta gente, y tres partidos sin jugar. Pero también un curso de sensibilidad progre, en este caso particular en lo que respecta al racismo. Y es que viene sensible el campo progresista últimamente. Por supuesto, todes sabemos que el racismo no debe ser tomado a la ligera, y entonces está mal hacer de aquella escena algo liviano o gracioso. De modo que si por alguna razón llegaron a esbozar una sonrisa con el párrafo anterior, por las dudas dense algún que otro latigazo para compensar. Y es que hay algo de tramposo en eso de pretender ser una autoridad moral impoluta e indiscutible, al punto incluso de agarrar un par de palabras y llevarlas hasta la figura del crimen. Para no hacernos mala sangre, ni entremos en detalles del prontuario de la premier league

Como sea, esa situación reciente y de revuelo popular que le tocó vivir a Cavani es apenas una más en un montón, y da pié para introducir una historia, de algunos meses más atrás, mucho menos conocida aunque muchísimo más trascendente, donde esta clase de cosas se pusieron en juego de manera mucho más… intensa. Una historia de cancelación nada ingenua en el ambiente del software.

Decir «Stallman», entonces, para la gente que está metida en el tema, es como decir «Evita», «El Che», «Trotsky», o algune de eses, pero del mundo de la tecnología

Había una vez un señor llamado Richard Matthew Stallman; o «RMS» en la jerga del gremio. Y sucedió que en Septiembre del 2019, RMS fue cancelado. ¿No sabés lo que es «cancelar«? Es básicamente a lo que se exponía Cavani si no pedía disculpas y aceptaba su castigo. Pero Cavani es un jugador de fútbol, sin mucho más que el cariño de su gente en su carrera. RMS, por otro lado, es el líder histórico y espiritual del movimiento Software Libre: básicamente, la izquierda de la informática. Y no sólo es RMS literalmente el creador del movimiento, sino también de, entre otras cosas, el proyecto y sistema operativo GNU: eso que hoy la gente conoce injustamente como «Linux», que básicamente es el sistema operativo gratuito y libre que ponemos todes en nuestras computadoras cuando no queremos saber más nada ni con Windows ni con Microsoft. Decir «RMS», entonces, para la gente que está metida en el tema, es como decir «Evita», «El Che», «Trotsky», o algune de eses, pero del mundo de la tecnología.

Sucede que la cancelación de RMS es un portal de entrada al oscuro mundo de la política en la tecnología, y el primer paso que necesitamos dar en esa dirección es el contexto de la cancelación: el caso Epstein.



Primer acto: el huracán Epstein

Jeffrey Epstein era un millonario norteamericano, que se dedicaba al mundo de las finanzas, a la filantropía, y tenía contactos con, digamos, «el jet-set»: todo tipo de famosos y/o multimillonarios de todo el mundo parecían tener de amigo a este señor. Y a su alrededor se armó un escándalo muy sensible para la sociedad estadounidense, que todavía es tema de discusión, y se desconoce la totalidad de sus secuelas.

Sucede que Epstein llevaba adelante una red de trata internacional; y no sólo eso, sino que (para sorpresa de nadie) las personas a las que sometía sexualmente eran menores de edad. Entonces, Epstein figuraba como financista, pero el servicio que prestaba era totalmente diferente; y cuando se supo, todos los lugares donde Epstein había alguna vez puesto un dedo quedaron automáticamente sucios.

Hay mucha porquería debajo de la alfombra de Epstein, y a medida que se siguen conociendo e investigando detalles aparecen más personas e instituciones manchadas por su cochino dinero. El tema, por ejemplo, salpica directamente al flagrante ex-presidente norteamericano Donald Trump. Y entre las instituciones manchadas, se supo eventualmente, aparece el prestigioso Massachusetts Institute of Technology, o «MIT».

Como si fuera poco, Epstein, que terminó preso, se suicidó en la cárcel. Por supuesto que nadie queda satisfeche con la hipótesis del suicidio, de modo que se arma toda una paranoia absolutamente justificada alrededor de si en realidad lo mataron para que no deschave a gente importante. Y eso es apenas uno de los tantos detalles que, para comparar con Argentina, hacen del caso Epstein en Estados Unidos lo que para nosotres fue el caso Nisman. Y, como con nuestro Nisman, al destaparse la olla aparecieron un montón de detalles tan nefastos como atractivos para la prensa. Por ejemplo, Epstein tenía una isla donde llevaba a sus invitades a tener sexo con menores de edad; o bien incluso lo hacía en vuelos transcontinentales, llamados «lolita express» en la prensa, en un avión acondicionado hasta con pisos acolchados.

El MIT recibió dinero de Epstein, lo cual ya de por sí fue un escándalo

Pero antes de continuar con el relato, o siquiera un sólo adjetivo más, cabe una aclaración. La frase «prostitución infantil vip» articula algo así como lo que sería la trifuerza de la indignación moderna: son tres palabras que detonan el más profundo tabú de la cultura occidental en general, y progresista en particular. Queda entonces terminantemente prohibido cualquier posible atisbo de acceso humorístico a la cuestión, en cualquiera de sus posibles iteraciones (sarcasmo, ironía, juegos de palabras, y demás); o bien un acceso crítico, o siquiera interpretativo: con estas cosas, uno se indigna o es criminal, y punto. Nadie tendría el tupé de cuestionar una afirmación como esta, ¿verdad?

Bien. El MIT es donde RMS se crió, formó, y tuvo lugar para desarrollar sus proyectos, desde 1970. Él y muchos otros pioneros de lo que hoy conocemos como «computación» o «informática». Uno de ellos fue Marvin Minsky, conocido como «padre» de la inteligencia artificial, quien murió en 2016. El MIT recibió dinero de Epstein, lo cual ya de por sí fue un escándalo. Pero además, en Agosto del 2019, se revelaron documentos judiciales donde consta la declaración de Virginia Giuffre, una de las víctimas sobrevivientes de las redes de trata de Epstein, y en dicha declaración, Giuffre cuenta que fue obligada a tener sexo con Minsky en la mismísima isla de Epstein.

Allí aparece finalmente el nexo con RMS. Sucede que, vía Facebook, se organizó un repudio a Minsky. Y entonces RMS escribió un mail a la lista de correos de informática e inteligencia artificial del MIT, cuestionando la terminología utilizada en esas acusaciones.

Y aquí me permito un paréntesis. Hay un poema muy famoso donde Bukowski siente empatía por Vincent van Gogh al imaginar la escena en la que el pintor se cortó una oreja para pagarle por sus servicios a una prostituta. Creo sentir algo similar por RMS frente al asunto Minsky/Epstein. Y es que cualquiera que alguna vez vio o escuchó hablar a RMS sabe que es un tipo medio raro, que habla raro, planteando temas raros como comunes, o incluso comunes como raros. Tanto es así que toda su carrera política la hizo reflexionando sobre el concepto mismo de libertad y cómo se llevaba a la práctica; y tanto más es así de «raro» que, incluso, en alguna oportunidad salió a dar su opinión o aclarar sobre si él calzaba o no dentro del espectro autista. Cerrado este paréntesis, la cuestión es que RMS, además de ser un tipo raro, siempre cuestionó las terminologías, especialmente en aspectos éticos y legales, porque es parte de lo que él hace como militancia. E hizo eso frente a lo que se decía de Minsky.

Stallman fue socialmente cancelado por algunas interpretaciones de una opinión que hizo acerca de una arista particular del caso Epstein

Ningún detalle importa: RMS fue estricta y cruelmente interpretado como, si no un defensor de la pedofilia y las redes de trata, al menos como alguien que pretendía quitarle importancia al asunto. La primera voz la levantó una ex-alumna del MIT en su blog, donde se publicó el contenido de aquel mail enviado por RMS, y a los pocos días el tema ya estaba completamente desvirtuado en muchos titulares de diferentes medios alrededor del mundo. No necesito extenderme mucho en los cansadores detalles, que son buscables por internet; me alcanza con decir que aquellas opiniones de Stallman en defensa de su colega Minsky le costaron carísimo: su puesto en la Fundación Software Libre, y su trabajo en el MIT.

Stallman fue socialmente cancelado por algunas interpretaciones de una opinión que hizo acerca de una arista particular del caso Epstein; interpretaciones que lo tildaron de apologista de la pedofilia y de las redes de trata, y que la prensa mundial supo levantar con mucha velocidad.

Hasta ahí la historia RMS. Pero hay otra historia vinculada a todo esto mucho más laboriosa de encontrar por internet, para nada menos escandalosa, y sin embargo muchísimo más resbaladiza para la prensa.


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Segundo acto: los ricos no piden permiso

Tal vez escucharon hablar de otra figura conocida del mundo de la informática: un tal Bill Gates. Este personaje seguramente no necesita mucha presentación, pero sí cabe aclarar que RMS fue y es uno de los principales opositores políticos y filosóficos al señor Gates, dado que Microsoft fue durante muchas décadas el principal enemigo del software libre, y lo sigue siendo. Bill Gates es básicamente la antítesis de Richard Stallman.

Resulta que este hombre era uno de los tantos «amigos» de Epstein. Tan «amigo» era que, a diferencia de muchas otras personas, él empezó su relación con Epstein cuando este último ya había sido condenado (en 2008) por crímenes de índole sexual. De acuerdo a un artículo del New York Times, que según elles se basa en documentos, Gates visitó en reiteradas oportunidades a Epstein en 2011, e incluso en una de ellas se quedó hasta bastante tarde en su mansión. De acuerdo a la vocera de Bill Gates, «discutían filantropía», y es algo común el contacto entre «personas de alto perfil».

Bill Gates era uno de los tantos «amigos» de Epstein. Tan «amigo» era que, a diferencia de muchas otras personas, él empezó su relación con Epstein cuando este último ya había sido condenado por crímenes de índole sexual

Eso fue levantado por múltiples medios, y eventualmente Bill Gates terminó pidiendo disculpas: «cometí un error al reunirme con Epstein». Sucede que en alguna entrevista Gates había negado conocer a Epstein o mantener ningún trato, y cuando se supieron más detalles… bueno. Hasta ahí, «algo que puede pasarle a cualquiera», y casi que así es como la prensa en general lo supo levantar: una duda planteada sobre Gates, y una disculpa. De hecho, Epstein se cruzó con otras «personas de alto perfil», como ser Elon Musk, Mark Zuckerberg, Peter Thiel (Paypal), o Reid Hoffman (Linkedin), años después de la condena por prostitución infantil; ciertamente las condenas por pedofilia y red de trata no parecen ser para tanto en esos contextos. Hasta se encuentran unos cuantos artículos desmintiendo la hipótesis de que Gates haya participado en alguno de los vuelos de Epstein, de modo que tampoco se puede decir que la prensa no se ocupó del tema.

Sin embargo, el primero de enero del 2015, The Daily Mail publicó una noticia que finalmente pasó absolutamente desapercibida en comparación: en Diciembre del 2014 arrestaron en la casa misma de Bill Gates a uno de sus ingenieros, el señor Rick Allen Jones, por distribuir pedofilia. Se hizo al menos un allanamiento a la mansión de Gates, y de allí se confiscaron miles de items de material pornográfico de diversa índole, entre lo que se encontraba pedofilia. Cabe mencionar que Jones se declaró culpable: esto no es una especulación, sino un hecho legal documentado. Durante años el asunto quedó en una extraña nebulosa informativa, y tanto es así que recién en 2020 el portal TechRights tuvo acceso a los documentos legales detrás de los allanamientos.

Bill Gates, por su parte, no pareciera haber sido cancelado por nadie en ningún lado, aun cuando hizo cosas bastante más serias que opinar o analizar

Pero todo eso es apenas contexto para el detalle que lleva a redactar este artículo. Sucedió que, oh casualidad, literal y exactamente la misma semana que se desató el escándalo contra RMS, dos días antes del artículo tan difundido de aquella ex-alumna, apareció la noticia de que aquel dinero que Epstein donara al MIT era en realidad de Bill Gates, quien usaba a Epstein de intermediario. El timing no podría ser más conveniente: justo al mismo tiempo (sigan los links, revisen las fechas) que Bill Gates tiene algo qué esconder, su principal enemigo comienza a aparecer en cientos de titulares alrededor de todo el mundo, y siendo acusado de las mismas cosas de las que él necesita defenderse.

Como si todo eso fuera poco, hoy, año 2021, y desde aquel entonces, Gates aparece frecuentemente en medios de todo el mundo (en Argentina, Página/12 parece tener una especial sensibilidad por mencionarlo mes tras mes), opinando sobre el COVID, el cambio climático, o el futuro de la humanidad, como si alguien le pidiera opinión, o como si fuera especialista en alguna de esas cosas. Uno podría decir, sin mucho temor a equivocarse, que se tratan de publinotas y que este señor está invirtiendo duro en la prensa.

Las manchas en el prestigio de RMS son manchas al movimiento del software libre en general, como sucede siempre que un referente cae en desgracia, y un llamado también a algunas reformas en sus estructuras. Bill Gates, por su parte, no pareciera haber sido cancelado por nadie en ningún lado, aun cuando hizo cosas bastante más serias que opinar o analizar. Sin embargo, ni el problema con Gates ni el problema de Stallman terminan ahí.


Tercer acto: cenizas quedan

Desde su cancelación, RMS estuvo mayormente en silencio, y los debates al respecto de su figura quedaron restringidos casi exclusivamente al entorno del Software Libre. Durante un año y medio, el tema permaneció apagado, al menos por fuera de debates internos. Sin embargo, durante los últimos días de Marzo del 2021, RMS volvió a la Fundación Software Libre. Y la reacción no se hizo esperar; había fuego todavía.

El 21 de Marzo Techrights anunciaba el retorno de RMS, y el 22 ya comenzaron los titulares recordándole a todo el mundo “sus controversiales comentarios acerca de la violación”. Los comentarios empezaron a juntarse de a miles: “si te importan las mujeres, no podés tolerar a este tipo”, “me alegro que haya vuelto”, “¿a quién le importa la FSF?”, “no les gusta Stallman, pero después votan a Trump como presidente”. Por supuesto, eso no hizo más que escalar, como los últimos tiempos nos tienen acostumbrados. Con el devenir de los días, dos espacios de participación fueron creados para demostrar adhesión pública: primero en contra de Stallman, y luego en su defensa, dando lugar a lo que algunes llaman The Stallman Wars. Y sucede que en diferentes organizaciones están tratando el tema de repudios y defensas a RMS y la FSF en el mismo momento que este texto está siendo redactado. De modo que es algo así como una “noticia en desarrollo”.

Si alguien trata de buscar críticas a Bill Gates en el 2021, se encuentra obnubilade por comentarios y artículos conspiranóicos que lo vinculan a reptilianos, vacunas que cambian el código genético, antenas de 5G asesinas, y cosas por el estilo…

¿Les suena ese comportamiento, esa polarización? Por supuesto que sí. En Argentina la conocemos bien, y tanto es así que los medios ya le pusieron un nombre coloquial: “la grieta”. Hoy es entre kirchneristas y anti-kirchneristas; pero antes fue contra el peronismo, antes de eso contra el yrigoyenismo, y así podemos seguir para atrás quién sabe hasta cuándo. La cuestión es que lo conocemos. Como no es nuevo acá, tampoco es nuevo en ningún otro lado, y desde hace rato es algo que los medios saben activar más o menos a su antojo: esa mezcla entre puesta en escena espectacular, legítimo arte en el sentido de que nos afecta íntima y profundamente, y recorte verosímil de la realidad, tiene mucho de estudio y ciencia. En el siglo XXI es un tema mediado por redes sociales, motores de búsqueda, mensajes rapiditos para seguir las tendencias, y cosas por el estilo. Y entre todo el ruido que genera eso, RMS es tranquilamente apenas un caso marginal. Pero mientras tanto, Bill Gates…

Al mismo tiempo que se desató el affaire RMS, sucedió este otro extraño fenómeno, extremadamente súbito y sin gran explicación: si alguien trata de buscar críticas a Bill Gates en el 2021, se encuentra obnubilade por comentarios y artículos conspiranóicos que lo vinculan a reptilianos, vacunas que cambian el código genético, antenas de 5G asesinas, y cosas por el estilo. Es decir que quien pretendiera criticar a Bill Gates, súbitamente, en apenas algunos pocos meses, se convirtió en demente, sin importar en qué lugar del mundo esté ni de qué esté hablando. Eso no pasaba a principios del 2019, y las teorías conspiranóicas que involucran a Bill Gates no se fueron a ningún lado desde que aparecieron repentinamente por todo el mundo: siguen vivas como el primer día.

Pero les invito de una manera u otra a hacer el ejercicio de tratar de explicar qué hace una persona de clase media en Argentina protestando con una pancarta con la cara de Bill Gates contra un supuesto plan de reducción de población. En serio, reflexionen sobre los pormenores detrás de infiltrar nuestras barreras culturales, históricas, idiomáticas, coyunturales, y tantas otras, imponiendo esa figura casi completamente ajena a cualquier cosa que suceda en Argentina, de modo tal que cualquier hije de vecine lo reconozca como avatar de algo.

¿Se imaginan gente con pancartas de Stallman por la calle marchando contra la pedofilia? Difícil de imaginar, ¿verdad? Es casi hasta gracioso. Sucede que Stallman es más bien un personaje desconocido para la sociedad en general, fundamentalmente porque su figura se desarrolla en un ámbito muy específico y técnico. Pero, verán… Stallman y Gates se supone que son gente del mismo gremio. Por ahí con tanto COVID nos olvidamos, pero vale la pena hacer memoria: en 2019, el precursor de la conspiranoia por las vacunas era el 5G, que tampoco dejó de existir.

Repito entonces la pregunta, con esa otra imagen: ¿qué hace una persona de clase media en Argentina comparando el 5G con vacunas y con genocidios? Y, por si no se entiende, lo aclaro: eso que ven en esa imagen es una persona de Argentina, quejándose en Argentina, por la situación de Argentina. ¿Será acaso experta en 5G y política tecnológica? Permítanme especular: estoy seguro que tiene cosas para decir sobre Gates. Y aunque hace apenas segundos era ridículo pensar en Argentina una marcha contra la pedofilia con pancartas de Stallman, si recordamos que en Estados Unidos el pizzagate y qanon fueron instrumentales en las elecciones 2020, ciertamente la burla se transforma en una incómoda sensación estomacal.

Gates y Microsoft lo hicieron muchas veces, lo hacen a propósito, y hasta tienen escuela de cómo se hace, confirmado y probado

En ese lugar está instalado Bill Gates desde el 2019. Es bizarro. Y como efecto colateral, ser crítico de Bill Gates en una discusión online en este momento de la historia, nos pone en el lugar de esa gente diciendo esas cosas. En resumen: si defendés a Stallman sos pedófile, y si querés involucrar a Gates necesitás psiquiatra. Si querés opinar, tu única garantía es el conflicto: para cualquier otro resultado, simplemente no opines. Y así logramos una cultura no solamente de la cancelación, sino también del silencio cómplice: una autocensura que se parece mucho al miedo al linchamiento, y amparada extrañamente en virtud del derecho a poder decir cualquier cosa. Sin lugar a dudas, una inquietante marca de nuestra época. Aunque no termina de quedar claro en toda esta historia si la conspiranoia es huevo o gallina, fuego o ceniza, en toda esta calamidad desestabilizante e invivible en la que se convirtió la participación política en la era de la información.


Epílogo

Esto que aquí se muestra pero no demuestra, que se plantea apenas como posibilidad (no se está trayendo ninguna prueba concreta de que Gates ni Microsoft tenga nada que ver directamente con el affaire RMS, sino apenas coincidencias temáticas y temporales), es tan sólo una gota en un océano de hechos que sí están documentados, que incluso han sido juzgados, y donde Microsoft ha sido encontrado culpable. Me refiero a documentos donde se demuestra que Microsoft, con Gates a la cabeza, activa y sistemáticamente se dedica ya no sólo al lobby clásico (en el sentido de simplemente poner dinero donde le convenga) sino a romper las estructuras comunicacionales y organizacionales de sus enemigos, llegando incluso literalmente hasta los actos mafiosos. En castellano: lo hicieron muchas veces, lo hacen a propósito, y hasta tienen escuela de cómo se hace, confirmado y probado.

Alguien nueve en el asunto se sorprendería, lo juzgaría con frialdad, y lo calificaría de exageración. Y alguien que no está metido en el tema lo ignoraría como quien mira lo que hace algún especialista en alguna práctica ignota e irrelevante. Por eso este relato comienza aprovechando la incómoda experiencia ligeramente emparentada del prestigioso delantero uruguayo, y termina también brevemente curioseando aspectos sociales de lo que está sucediendo alrededor del asunto. Porque además de ser una introducción para futuros artículos vinculados y referidos a la relación de conflicto entre el movimiento Software Libre y Microsoft, su principal enemigo, también se pretende un llamado a la reflexión para quienes se interesan por sociedades mejores y quieren formar parte de ese cambio: tenemos la tarea de ejercer nuestras sensibilidades con responsabilidad; no vaya a ser cosa que en el frenesí de la convicción terminemos siendo peones de intereses muy poco felices, o terminemos vendiendo al enemigo las mismas armas que nos hacen sentir empoderades. Porque aquí, claramente, la cancelación, que a todas luces puede caer en las manos equivocadas, se convirtió en cancerígena.

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